Transformar el pensamiento es la solución al problema (o los problemas)

Cuando nos encontramos delante de un problema, o una situación compleja o dificultosa, nuestro cerebro no para de darle vueltas y vueltas con el fin de buscarle una solución. Eso se debe a que nuestro cerebro está diseñado para enfocarse en el problema y de esta manera pone el sistema neuronal a trabajar en ello. Es una respuesta biológica que tenemos ante una situación que nos afecta. Ahora bien, el tema está en que muchas veces no hay una solución perfecta e inmediata ante ciertos problemas. A menudo la solución (o soluciones, ya que siempre hay más de una) no se encuentra a corto plazo o…, la solución más óptima pasa por realizar cambios que no son cómodos a nuestros intereses o no nos vemos con la capacidad suficiente para afrontarlos.

Debemos tener en cuenta que la misión que tiene nuestro cerebro (en especial nuestro subconsciente con sus sistema de valores nutrido desde la infancia), es la mantenernos a salvo, alejados de todo peligro y situaciones que pongan en riesgo su seguridad, lo hace por pura supervivencia. ¿Pero qué ocurre con la mente? Pues la mente interpreta el problema (o los problemas) como peligros contra lo que debe actuar y el termómetro de las emociones se dispara. Una de estas emociones es el miedo. Hay que recordar que el miedo se mueve desde tres factores muy reconocidos por el cuerpo: paraliza, intenta huir o ataca (mayormente de una forma irracional por defensa).

No es el problema lo que nos hacen sufrir sino cómo nos relacionamos e interactuamos con él.
No es el problema lo que nos hacen sufrir sino cómo nos relacionamos e interactuamos con él.

Cuando ocurre que entra el miedo en escena por un problema (o varios), cuerpo y mente se bloquean y se muestran incapaces de dar una respuesta satisfactoria. Nuestra mente entra como en un bucle que limita su capacidad creadora y sólo se centra en el problema sin ofrecer nuevas perspectivas. Por su parte el cuerpo reacciona de una manera muy primitiva y colapsa en una de las tres variantes del miedo.

Así es muy difícil y arduo poder llegar a una solución (o soluciones variables). La mente se agota muy rápido y gasta una energía innecesaria que acaba resintiendo en el cuerpo. Como el cuerpo físico es muy sensitivo y obediente sigue las instrucciones de la mente y de esta forma acabamos agotados y empezamos a sentir los síntomas del estrés, insomnio, pesadez estomacal, dolores de cabeza, mal humor y un larguísimo etcétera  de malestares.

Frente a esta situación, lo mejor es hacer un alto en el camino, detenerse unos minutos, respirar profundamente unas diez veces y preguntarse, ¿qué me ocurre?, ¿qué me está pasando? ¿cómo estoy y cómo me siento? En ese instante habremos dando un gran paso. Hemos dejado, por un memento en pensar en el problema para mirarnos a nosotros mismos.

Es muy importante ser honestos y admitir la situación compleja en la que nos vemos envueltos de una forma objetiva y crítica, sin culpabilidad y sin miedo. El siguiente paso es aceptar que ‘algo’ no está correctamente ubicado en nuestra vida, hay algo que debemos corregir y mejorar. Hay algo que debemos cambiar. Precisamente en este punto comienza el verdadero cambio, el punto de arranque del pensamiento transformacional. Es el momento en el que uno empieza a hacer algo distinto, diferente y a enfocar la energía hacia la solución en vez de tener el problema (o los problemas) como único punto de enfoque.

Imaginemos que tenemos un vaso de agua y colocamos un poco de arenilla y tierra en su interior. Si agitamos el vaso, la mezcla de la arenilla y la tierra enturbiara el agua y la veríamos sucia y oscurecida pero…, si dejamos el vaso en reposo, unos minutos, comprobaríamos que la tierra y la arenilla se asientan en el fondo y el agua dejaría de estar tan turbia y sucia. Así debemos dejar que esté nuestra mente para que el proceso de transformación se realice: serena y clama. Hay que recordar algo muy importante: no es el problema (o los problemas) los que nos hacen sufrir sino cómo nos relacionamos e interactuamos con él (o ellos).

En los Talleres de Magia Mental y Pensamiento Transformacional  se ofrecen, en sus clases, herramientas para elevar nuestros pensamientos y transformarlos en experiencias enriquecedoras.

En muchas ocasiones lo mejor es no hace nada. ¿Cómo? ¿No hacer nada? Sí, no hacer nada con ese problema. Pensar en el problema no nos aporta nada, transformar el pensamiento significa focalizar en las soluciones, no la situación penosa. La mente es muy sabia y cuando la dejamos serena y destinamos nuestras energías en la búsqueda de soluciones óptimas irrumpe la energía transformadora que da respuestas a los acontecimientos problemáticos.  En nuestro interior, en la capacidad que tiene nuestra mente para penetrar en todas las áreas (y el subconsciente lo sabe) surgen respuestas y soluciones. Puede que algunas no nos gusten, que nos obliguen a cambios, pero serán respuestas oportunas para superar el bache. De esta forma podemos empezar a equilibrar nuestro sistema de pensamientos y hacer que la mente trabaje a nuestro favor. Así que, a partir de ahora, la elección es fácil: ¿Hacia dónde debemos poner el foco de atención?

El pensamiento transformacional es energía y  la atención bien dirigida permite que la energía transformadora actúe con todo su potencial. Poner freno a los problemas está en nuestras manos.

Taller de Pensamiento Transformacional y Magia Mental

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Taller de 6 horas. Plazas limitadas. Reserva ya. Inscripciones abiertas.

Precio del Taller: 50 euros.

Horarios: miércoles y jueves de 18:00 a 21:00 horas. Viernes de 18:00 a 21:00 horas y sábado de 10:00 a 13:00 horas.

Teléfono: 657330324.

Dirección: C/Azcárraga nº 2. Puerta 1. Valencia 46008.

Twitter:  @magiamentalval                                       Facebook: Magia Mental Valencia

Email: magiamental@outlook.es

Hada.

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